Para hacerse un blog a estas horas hay que ser un poco ridículo, ridícula. Se que no lo harías. Pero es probable que me busques, y no me apetece que me encuentres en donde no estoy. Así que aquí estoy. Tengo celos de mí.

Te propongo un café bien duro. No voy a contar nuestra historia "de amor", porque es bastante horrible. No sabemos dónde hemos andado; sé que se me olvidaron las chanclas y siento que me he roto algo, y... sé que no te harias una página de recetas, ni de amor, pues ¿para qué pondrias empeño en algo que no te permite joder a nadie?

Juguemos.

Te conocí de una manera extraña. Me llamaste por teléfono, y fui a verte. Me mentiste a la tercera frase, y no debí de importarme con eso. Pero sentí una repulsión rara: de veras me importaba tal mentira en el caso de que me siguieses, por largos años, mirándome de aquella manera. Nacia en mí "Autoridad".

Un parto totalmente indeseado, del cual eres madre.